Bajamos la identidad a la vida real: cómo cobras, cómo vendes, cómo recibes, cómo decides cuando tienes miedo, qué haces cuando alguien cuestiona tu precio y cómo reaccionas cuando las cosas no salen como esperabas.
Porque una identidad financiera no vive solamente en tus afirmaciones.
Vive en tus decisiones.
En cómo vendes. En cómo cobras. En cómo recibes. En lo que permites. En lo que decides cuando tienes miedo.
Y ahí es donde empezamos a descubrir quién estás siendo realmente cuando creas dinero.